Teóricamente le había dicho que escribiría esto mientras tomábamos un café.
A principios de Febrero tuve uno de los mejores episodios en lo que va del año, porque no sólo pude tomar Brahma y mate en el mismo día, sino que además tuve el valor agregado de conocer a una persona que haría que se me vuele la tapa de los sesos. No solamente por estar maravillado o sorprendido, sino porque me generó cosas que no son del todo normales en alguien que no tenía interés específico en nadie ni en nada.
No sé si habrá sido por lo rico de mis mates, o el calor que hace más atractivas a las personas, o por las cosas en común o porque estuvimos toda la tarde escuchando Bruno Mars, aunque no creo porque le jodió que no me guste tanto 'Versace on the floor'.
Los desniveles que me produjo ese día y los que vinieron después fueron tan asentados que logró confundirme muchísimo en las intenciones que tenía con ella. Porque, siendo honesto, al principio no era nada, pero creo que siempre tuve el presentimiento de que ese pensamiento pronto se iba a escapar cabizbajo.
Quiero decir, a mi consideración, encontrar a alguien en Tinder dos veces e insinuarse tímidamente respondiendo a una reflexión personal de ella, no es la mejor manera de tratar de "conquistar" a una persona. O capaz sí, pero a mi nunca me había servido. Que de hecho no sé si me sirvió, pero dejémoslo ahí.
La situación entonces era: 17 años no aparentados, estudiaba dirección de cine, lo suficientemente cinéfila como para generarme más interés, copada, le gusta Bruno Mars, se lastima los pies con facilidad, le digo Jana del Rey, y una contra destacable: hincha de River.
Todo eso y más, hasta el día de hoy, me enamora. Y sí, lees bien, me enamora. Porque son cosas que me vuelven loco y hacen que tarde o temprano me quede mirándola con cara de imbécil mientras come fideos, o baila en un boliche o me prepara el té.
Aunque destaco que soy un imbécil por otras cosas. Principalmente por darle atención a cosas que exagero porque me da el tiempo, por querer entender algo e interpretar otra cosa, pero más importante, me considero un tarado por tener cagaso de decirle que, capaz, todo lo positivo y lo negativo que me pasa es porque estoy más enganchado y muerto que no sé qué. Que capaz no me alcanza con sólo quererla o tenerle aprecio, capaz de tanto querer cosas con ella, ahora tengo una daga de doble filo que me hace tan bien y tan mal.
Capaz estaré enamorado. Y capaz lo acepto, pero si lo acepto, viene el temor de decirle que la quiero en mi compañía para algo más que acompañarla o ayudarla con el laburo, o tomar cafés en Havanna o bailar cuarteto para la mierda. Capaz la quiero porque... porque no sé. Y ahí volvemos al principio, y ya estoy harto.
Discutir es algo que adoro hacer con todo lo que genera sombra. Porque soy un jodido de mierda que tiene las mejores palabras para fundamentar lo que piensa, porque me cuesta dar el brazo a torcer, aunque capaz sea porque tengo exceso de calcio en los huesos.
Pero con ella no.
Con ella discutir es triste, me deprime, me enoja, me irrita. Ya no lo disfruto. Y es una cagada, porque si bien discutir es algo totalmente insano, a veces me divierte, y por momentos pienso que a ella le divierte más verme a mi quejándome de que no la paso bien discutiendo con ella, en vez de que yo disfrute argumentar contra ella. Lo que la convierte en otra hija de puta, pero una hija de puta en el buen sentido, no como yo.
De todas maneras y con todas las discusiones habidas y por haber a cuestas, todo me chupa un huevo.
No me importa si la cague yo, si la cagó ella. Si tenemos más desacuerdos que acuerdos al discutir. Si ella tiene razón o yo. Si entendió que quería que me compre una sartén o si entendí que ella es insegura. Todo, sí, todo me chupa un huevo.
Porque al fin y al cabo la veo y termino sonriendo de vuelta como un imbécil sin saber por qué. Porque no importa si estoy triste, deprimido, enojado, terco o lo que sea, siempre termino riéndome apenas la veo y se me va todo.
Entonces, ¿me hace bien o me hace mal? Y, mira loco, las dos. Pero te digo algo... me encantan las dos. Porque en las buenas somos las personas mas felices del mundo, y en las malas seguimos siendo felices aunque nos portamos como dos giles fingiendo que no se quieren. Y si te lo pones a pensar, eso es tierno. Además se aprende, y yo en dos meses aprendí mucho más de lo que aprendí con cualquier otra chica, ¿entendés?
Mirá que tan estúpido estaré que me cagué en mi capacidad radial y empecé a meter paratextos en donde no tienen que ir. Este relato es una garcha, pero capaz eso lo hace uno de los mejores.
La cuestión, Jana, es la siguiente. No te puedo ni quiero decir que estoy enamorado, porque sinceramente ni yo entiendo que es lo que me pasa con vos. Pero sí te digo que son todas cosas buenas, cosas de las que me enorgullece sentir por una persona tan sana y tan correcta. Porque esa gente está marcada con rojo en el mapa con la categoría "En peligro crítico de extinción".
Te lo vuelvo a repetir, me enorgullece. Por mí y por vos. Porque, como te dije el día que ganó del Potro y estaba tan contento, creo que nos conocimos en el momento justo, donde cada uno sólo puede dar lo máximo de todo lo que tiene. Y sí, eso incluye equivocarse y aprender. Pero pará, ¿en dos meses? Si es así, por algo será. Aunque no sé donde termine esto.
Pero sé que hay muchas chances de que termine en algo hermoso.
Sigo siendo un cagón del orto, sigo siendo medio débil respecto a tener estos sentimientos por alguien, pero en Serrano te dije que me la iba a jugar, y me la sigo jugando. Porque te quiero.
Y no sé si estaré enamorado, o enganchado, o capaz terminamos en la friendzone (joda), y tampoco sé si me sacaré el miedo de encima en algún momento. Pero le voy a hacer frente, y cuando eso pase, seguro esté nublado y estará sonando 'Versace on the floor'.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Qué pensás?