Últimamente ando teniendo muchos temas por delante. Es una desgracia que no sean temas de agrado, por lo que ni a lectores, ni a posibles oyentes ni a uno mismo nos causarán algún tipo de regocijo.
No es una entrada más, si vinieron con expectativas de leer algo por rutina o flojera, les pido perdón, pero los invito a pegar media vuelta, recoger su sobretodo y permitirme que los acompañe a la salida. Ustedes están en una buena posición, ya que no tienen ningún tipo de persecución por lo que les diga, así que hagan lo que les guste. El que avisa, no traiciona.
Estoy terminando con una etapa.
Sí, es una pena que solo pueda ser considerada como eso.
Una etapa que duró 25 meses, 4 días, 2 horas, mil suplicios, 13.000 llamados, 12.999 indiferencias, dos pizzas y una idea de aventura.
Me despido por orgulloso y egocéntrico. Por tener buena memoria. Por ser de esfuerzo independiente y por empatar 0-0 de manera injusta, porque el árbitro fue localista.
También me despido por dolor, por víctima, por corazones y dinero. Porque siempre sospeche de algo que nunca voy a terminar de asegurarme ni con la jefa de facto, ni con la que asuma en democracia. Porque el pueblo fue callado.
Es otra razón la injusticia que tanto se juró defender en vano. Aquella por la que los titiriteros tanto se hacen problema y terminan poniéndole hilos para llevar al mal camino de la libertad. Porque se tapo el alba por ley, y hasta ahora esta ley no fue quebrantada.
¿Es un despido en capricho? ¿Injusto? ¿Parcial? ¿Doloroso? Preguntas de polaridad inversa que solo se responderán a tiempo, y solo a tiempo. Sólo se que no quiero despedirme.
A vos, megáfono andante: ¿Vos pensás que no tuve tiempo? ¿De verdad me imaginás de brazos cruzados? Imaginame pasivo, ansioso, como un libertador. A vos, guerrilla, mirate al espejo y tratá de decirme si ves el alma de quién hizo del autor, un mejor ser, teñido y perforado.
Vos, ilusión... ¿qué se siente perder a tu pieza maestra?
Por lo menos, yo sé lo que se siente perder partes de uno mismo. Lo experimenté varias veces. Por eso fuimos tan desiguales. Y vos, yoncé, recién estás dando tus primeros pasos en ese aspecto.
Decíme que se siente tener en tu casa al único que te dijo como son las cosas en tu puta vida. Decíme quién te dijo que te prepares. Decíme quién lloró por vos cuando no te podías parar de manos al cielo.
Vos, metro y medio de guita, decíme como son las cosas ahora que perdiste la única pelea que jamás tuviste.
Me despido porque los dioses honestos no castigan, sino que hacen aprender, y es justamente por eso que yo nunca aprendí. A vos, manzana mordida sobre la mesa, te aprecio. Porque sos como cualquier fiscal convencido y terco, al que no se le saca una sonrisa si no es con planes.
Al crecer uno se da cuenta que ciertas cosas no existen. Y es una pena que no te hayas dado cuenta que esas cosas que no existen yo las fabriqué para vos. Y siento lástima por vos, porque nunca aprendiste a creer en lo nuevo. Volvamos a tirar palabras con dados blancos, que esa es una vía para la comunicación.
Decíme, tiara... ¿qué derecho tenés de permitir que te aparte de mí?
Es cierto, escribo en caliente sabiendo que tendría que seguir con mi suplicio y prestarte mi atención entera. Pero no vales tiempo, porque esa ya la caché, vos sólo usas tiempo por obligaciones de por medio. Sos más fuerte que los puntos de rating de un programa de farándula barata. Y eso a mi me liquidó, como quien dice que tuvo un sueño.
Hoy es un día nuevo para vos. Porque vas a aprender a darte cuenta que yo no estoy más. A diferencia mía, que ya estoy acostumbrado a las dedicaciones.
De parte del terco, de parte de Franco, te digo a vos de la manera más honesta, sincera y fuera de cualquier intención de ofensa:
¿Qué se siente perder a dos seres queridos en menos de 72 horas?
Hasta luego amor, vos de mi vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Qué pensás?