Bueno, acaban de pasar dos días de que cumplí veinticinco. Yo sé que me vas a leer en algún momento, y aunque falta una banda, hay un par de cosas que me gustaría que me cuentes, pero no hace falta que te apures, sé que falta mucho.
No me vas a dejar mentir, nunca nos sentimos de veinticinco. Con una pandemia encima y casi veinte meses de envejecimiento tirados a la basura por tan estáticos que estuvimos en nuestras casas, es de esperar que no nos haya caído la ficha a tiempo de la edad que teníamos.
De todas maneras, cayeron otras fichas. Cuando tenía veintitrés, jodía con mis amigos diciendo que me asustaba saber que en siete años tendría treinta, nos reíamos y la dejábamos pasar, pero una pandemia después y que, después de un parpadeo, a esos veintitrés se le hayan sumado dos más, es un susto un poco mayor. No tanto un susto por el número, sino por la sensación de que lo que teníamos para los veintitrés, no se renovó mucho al pisar los veinticinco.
No estoy ni a la mitad de mi carrera, no sé si debería estudiar otra cosa, no sé todavía lo que es un trabajo en blanco, no tengo un auto, ni novia, y me cansa un poco la misma rutina de siempre, yéndome a dormir pensando que esa realidad tiene que durar un día más.
No jode tanto lo de la novia, pero lo otro me quita horas de sueño, a veces ni siquiera duermo y, cuando me reflejo en semejantes, no logro entender qué estaré haciendo mal, o qué me faltará hacer, para competir (sanamente) con la realidad de esa persona.
Ya sé, deja de cagarme a pedos, no sé ni qué mierda estás pensando pero te conozco y sé que es lo que me podés llegar a decir, pero bancá un toque, hago lo que puedo con lo que tengo. Vos lo sabés.
Lo que te puede servir de Tafirol para el dolor de cabeza que te estoy causando, es que en realidad sí me di cuenta de lo mucho que me falta por vivir. O sea, son veinticinco años, pensar que esto te va a llegar dentro de cinco lustros me vuela la cabeza, no puede ser que hoy sea tan joven y que todavía no lo sepa, que no caiga en el tiempo que me queda para aprovechar e invertir. Pero me es imposible pensar que los podría haber vivido de una manera diferente.
Quisiera que sea al revés y que me digas vos cómo son las cosas en tu vida del 2046. Y no me refiero a si los autos vuelan, o si ya se puede viajar a Marte en el aéreo que para en la esquina, o si las compras que hacemos por MercadoLibre llegan a través de un drone a hélice de avanzada IA, o esas pelotudeces. Es más personal.
Quiero saber cual es tu título, o si tenés más de uno, quiero saber de qué trabajas, si los plazos fijos siguen existiendo o si mágicamente te hiciste millonario por alguna cosa medio rara que descubriste, si el lugar donde estás viviendo es aquel donde hoy yo quiero estar, si la vieja está bien, si el Peugot 208 sigue siendo un autazo, si tu hija se llama como yo sé que se va a llamar, si ahora el daltonismo tiene cura o si es un motivo para hacernos famosos, si te hiciste un tatuaje que te dolió hasta el ano o si simplemente tenés la capacidad y la tranquilidad mental de decir "Sí, querido Franco delgado con pelo largo del 2021, al final llegamos a los cincuenta siendo felices, no te preocupes".
No te pido mucho.
O mejor dicho, es un montón, sí, pero por ahí sabés que me estoy haciendo el boludo para disimular que estoy un toque desesperado e intranquilo. No es tanto por tus respuestas, sino sobre cómo obtenerlas para responderme a mi yo de ahora, dentro de cincuenta años.
Al fin y al cabo, ese vacío que sentimos desde el 2014 sé que está ahí y que es la madre de todas las variantes raras de mi futuro, para bien o para mal, per al menos quisiera saber si aprendimos a lidiar con esa responsabilidad, pero okey, somos supersticiosos y tuvimos que recurrir a escribir (lo mejor que sabemos hacer) para calmarnos. Bah, capaz vos ya estás calmado.
A groso modo, si lo único que nos queda y que sé que va a perdurar hasta que me respondas, son los recuerdos, yo te aseguro que te los voy a dejar en la caja fuerte, con la contraseña de siempre y con un easter egg que diga "si lees esto es porque tenés cincuenta año y sos un viejo puto", así explotamos juntos.
Y a modo de cierre, así no te hago enojar causándote calvicie, te quiero decir que te quedes tranquilo, sé que responderle a la gente que eventualmente venga a preguntarnos aquello que queremos responder, ya no me como el mundo insolentemente como antes, empecé a laburar con lo que somos hace no mucho, tengo muchas ganas de saber de vos y te prometo, con toda seguridad, que vamos a seguir siendo futboleros, peronistas y de Zona Sur para toda la vida.
P. D.: apenas pueda, te voy a dejar un grabado en algún lugar de la Ciudad Autónoma o de Avellaneda, para que lo leas y digas "fua, re boludo el que escribió esto". No para que hagas nada, es por la épica nada más. Cuidate mucho.
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